
02 Abr México, el mejor socio automotriz de EUA
Rubén Reséndiz Pérez
Consejero de la Asociación de Industriales de El Salto
y expresidente del Clúster Automotriz de Jalisco
La industria automotriz mexicana enfrenta retos y oportunidades ante los cambios tecnológicos, políticos y la eventual guerra comercial mundial.
A pesar de la amenaza latente, México es un socio estratégico para Estados Unidos en el área y difícilmente ese país encontraría en otras partes del mundo un proveedor más barato y con la alta calidad que requiere, afirma Rubén Reséndiz Pérez, consejero de la Asociación de Industriales de El Salto y expresidente del Clúster Automotriz de Jalisco.
Para entender mejor el panorama, el exdirectivo de la planta de Nissan en Jalisco, nos comparte su visión sobre los riesgos y oportunidades del sector.
¿Cómo afecta el freno de Trump
a la producción de autos eléctricos?
Para México esto no sería tan relevante como la reiterada amenaza de imponer aranceles del 25% a las importaciones mexicanas en el vecino país del norte, reconoce Reséndiz.
“La estrategia de Biden incentivó la fabricación de vehículos eléctricos, mientras que Trump busca frenar su avance. Pero los motores a gasolina seguirán vigentes por años, al igual que los híbridos y lo mismo las tecnologías emergentes como el hidrógeno”, explica.
México mantiene su papel clave en la manufactura de autos de combustión, mientras que China domina la tecnología de los eléctricos y ha invertido más debido a sus problemas de contaminación. “En realidad, China es el país que lidera este segmento”, indica el entrevistado.
¿Qué tan viable es producir
un vehículo eléctrico mexicano?
En opinión de Rubén Reséndiz, la iniciativa del Gobierno de México es inviable.
“La inversión que anunciaron es mínima, en comparación con la realizada en otras naciones. El gobierno debe enfocarse en administrar el país y dejar la fabricación a la iniciativa privada”, sentencia.
Consideró que el proyecto gubernamental para producir un auto mexicano es incongruente, sobre todo cuando estamos viendo que las plantas automotrices se están aliando para ser más competitivas. “Nunca imaginamos que Nissan o Honda llegarían a unirse y eso está pasando”.
¿Por qué lo hacen? Para bajar costos, principalmente en investigación y desarrollo, ya que la innovación es la única forma en que esta industria puede competir en la actualidad, explica.
Reséndiz advierte que la seguridad es un desafío clave en los autos eléctricos y éste parece el punto débil del vehículo mexicano Olinia, del que hasta hoy solo se conoce el prototipo en papel. “Las baterías requieren sistemas avanzados para evitar fallos que pueden ser letales, y su desarrollo demanda una inversión que el gobierno mexicano no está en condiciones de suministrar”, señala.
¿Cómo afectarían los aranceles
a la industria automotriz en México?
Los aranceles del 25% que Trump ha amenazado con imponer, afectarían tanto a México como a Estados Unidos, reconoce Reséndiz.
“El 90% de nuestra producción automotriz y el 40% de las autopartes van a Estados Unidos. Un arancel encarecería los autos, afectando a los consumidores estadounidenses y elevando la inflación”, explica.
Además, la medida rompería la cadena de suministro entre los tres países, establecida desde el Tratado de Libre Comercio de América del Norte en 1994.
¿Es posible diversificar la exportación
automotriz y reducir la dependencia?
“Es extremadamente difícil encontrar un mercado que absorba el volumen de exportaciones de la industria automotriz y autopartes, como la que hoy tiene México con Estados Unidos, que asciende a 120 mil millones de dólares”.
China podría ser un buen mercado, pero tiene una industria automotriz muy avanzada. “Mucho más que Estados Unidos”, precisa. En China se fabrican anualmente 25 millones de automóviles. En Estados Unidos 15 millones. “Es el segundo mercado más importante a nivel global”, agrega Reséndiz.
Otro mercado interesante es Brasil que fabrica 3 millones de unidades, pero México fabrica 4 millones. Centro y Sudamérica, no representan un mercado lo suficientemente grande. En Europa, la industria automotriz está bien establecida y depende de su propia proveeduría y de la mano de obra de Turquía. “En conclusión, no hay un mercado alternativo viable que reemplace a Estados Unidos en el corto plazo”, concluye.




