Daño económico y emocional:el costo oculto de las protestas

Daño económico y emocional:el costo oculto de las protestas

Cada vez que una carretera se bloquea, miles de motores se apagan y millones de pesos dejan de circular. En México, las manifestaciones han pasado de ser un instrumento de presión social a un factor que puede paralizar la economía local y nacional durante horas, o incluso días.

El reciente paro de productores de maíz y sorgo en cinco estados, entre octubre y noviembre de 2025, bloqueó más de 30 carreteras de manera simultánea. Según estimaciones de la Confederación Nacional de Transportistas Mexicanos (CONATRAM), las pérdidas diarias superaron los 100 millones de pesos, considerando costos de combustible, demoras y penalizaciones por entregas incumplidas.

“Estos bloqueos afectan a toda la cadena económica”, explica el economista Luis Alberto Güémez Ortiz, académico de la Universidad Panamericana de Guadalajara. “Las pérdidas no las absorben los manifestantes, sino los transportistas, los pequeños negocios y los trabajadores”.

Costo irrecuperable

A diferencia de otros países, México no tiene margen para perder horas laborales. Es el país de la OCDE donde más se trabaja -2 mil 132 horas anuales por persona- pero con una productividad por hora de apenas 30 dólares, frente a los 70 del promedio mundial.

Cada hora de bloqueo no solo representa retrasos: es una hora de trabajo que no se recupera, una entrega que no se cumple y una fábrica que no produce. En las industrias manufactureras, por ejemplo, el Índice de Productividad Laboral creció apenas 1.6% en el segundo trimestre de 2025, pero sigue por debajo de los niveles de 2018.

Cuando las manifestaciones se vuelven recurrentes, se suman a otros obstáculos estructurales como la falta de inversión en infraestructura y energía. Eso genera un cóctel que reduce el crecimiento y desalienta la inversión, añade Güémez.

Daño colateral

Detrás de los datos hay rostros concretos: el chofer que pasa la noche sin poder avanzar, el comerciante que ve cómo se echa a perder su mercancía, o la familia con niños que no llega a su destino. Es un impacto humano que se traduce en pérdidas y también en desgaste emocional.

Quedar detenido por bloqueos, perder citas médicas o llegar tarde al trabajo tiene consecuencias económicas directas, afirma Güémez. “Hay una pérdida en productividad y otra en salud emocional. El estrés, la ansiedad y la incertidumbre también cuestan dinero”.

Campo sin competitividad

La raíz del problema está en el campo mexicano. Los productores enfrentan una combinación difícil: precios internacionales a la baja, altos costos de producción y restricciones al uso de herbicidas y semillas transgénicas.

“Con un precio de 3 mil 800 pesos por tonelada de maíz, el negocio simplemente no sale”, explica Güémez. Y si además las parcelas son pequeñas -menos de 20 hectáreas en promedio-, la rentabilidad se evapora.

Círculo vicioso

Las manifestaciones se repiten porque el problema de fondo sigue sin solución: la falta de políticas públicas efectivas para el campo y la ausencia de inversión en infraestructura. Los bloqueos más frecuentes -autopista Arco Norte, la México–Puebla o los accesos al Bajío- se han vuelto una forma de presión política que termina golpeando a los ciudadanos.

“Ya se dieron cuenta que sí funciona”, dice Güémez y señala que el reto del gobierno no es solo liberar las carreteras, sino atender las causas, pues en el corto plazo, el país pierde productividad; en el largo, credibilidad y competitividad.

La lección, advierte el economista, es clara: “Protestar es un derecho, pero detener al país no puede ser la forma de hacerlo”.

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