
06 Abr México traza sunuevo mapa laboral
Tras décadas de estancamiento en la flexibilidad de los horarios de trabajo, México ha dado finalmente el paso hacia la modernización. A finales de febrero de 2026 se alcanzó el consenso constitucional necesario para reducir la jornada laboral de 48 a 40 horas semanales.
Esta medida no es solo un ajuste en el reloj, sino un intento por alinear al país con los estándares de la OCDE, donde México figura como uno de los países que más trabaja pero menos produce.
El objetivo central de este cambio legislativo es transitar de un modelo de “presencialismo” a uno de eficiencia, permitiendo que el descanso se convierta en un motor de bienestar y, eventualmente, de consumo interno.
Transición gradual
La reforma no entrará en vigor de golpe, es una estrategia diseñada para evitar choques inflacionarios o despidos masivos, lo que ha permitido el respaldo de varios organismos como la Cámara Nacional de Comercio de Guadalajara (Canaco).
El cronograma oficial establece que el primer recorte ocurrirá el 1 de enero de 2027, cuando la jornada máxima bajará a 46 horas. A partir de ese momento, cada inicio de año se restarán dos horas adicionales de forma consecutiva hasta llegar al objetivo final de las 40 horas en el año 2030.
Este modelo de gradualidad se inspira en experiencias internacionales exitosas como las de Chile y Colombia, de acuerdo con especialistas de la Plataforma Economía de Jalisco del Centro Universitario de Ciencias Económico Administrativas (CUCEA) de la Universidad de Guadalajara.
Y aunque en esos países no disminuyó la generación de empleos, no se descarta que al elevarse los costos de contratación, varias empresas pequeñas y medianas migren hacia la economía informal.
Productividad: la pieza clave
Reducir la jornada máxima en 16.7% implica que, si todo lo demás permanece constante, podría requerirse hasta 20% más personal para mantener el mismo nivel de producción.
Para pequeñas y medianas empresas, los costos operativos podrían aumentar entre 15% y 40%, según estimaciones del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO).
Sin mejoras en productividad, la reforma puede traducirse en mayores costos laborales unitarios, especialmente en esquemas de operación 24/7 o en modelos de tres turnos.
También plantea retos para trabajadores nocturnos o mixtos, cuyos ingresos podrían resentirse si disminuyen sus horas laborales, añade.
Y otro punto muy debatido es que, si bien se busca llegar a una jornada de 40 horas en los próximos cuatro años, la reforma introduce un cambio significativo al establecer que la semana laboral obligatoria será de seis y no de cinco días.
Nuevas reglas del juego
El nuevo marco constitucional establece un límite máximo de 12 horas extraordinarias por semana, distribuidas en hasta cuatro horas por día, y prohíbe reducir salarios o prestaciones como consecuencia de la disminución de la jornada.
Se prevé un esquema transitorio para incrementar gradualmente las horas extra permitidas hasta 2030.
Además, en la discusión de leyes secundarias podrían incluirse medidas como la obligación de sistemas de control de horario, tipo reloj checador, y una prima sabatina, similar a la prima dominical ya existente.
Según expertos en recursos humanos, estos detalles operativos serán determinantes, ya que la letra constitucional fija el objetivo, pero la ley laboral definirá cómo se aterriza en la realidad cotidiana de empresas y trabajadores.




