
02 Mar Que se acabó la fiesta… ¡qué, quééé!
La industria de bebidas alcohólicas enfrenta serios desafíos, una vez que los jóvenes a nivel mundial están bebiendo menos con un notable cambio de hábitos que está moviendo las cifras de un negocio de miles de años.
Las clásicas escenas de jóvenes abriendo botellas, vasos que chocan y se derraman en fiestas universitarias, largas noches de excesos y crudas temibles al siguiente día parecen ser cosas del pasado.
Diversos estudios confirman que los jóvenes han reducido el consumo de alcohol a nivel mundial, al punto de que el concepto de “beber para socializar” ha pasado de moda.
En Estados Unidos, reportes de la encuesta Monitoring the Future muestran que el uso de alcohol entre adolescentes cayó drásticamente desde el año 2000: el consumo entre estudiantes de último año de preparatoria descendió del 73 por ciento al 42%, y para los de último año de secundaria de un 43% a un 13%.
En el Reino Unido, la proporción de jóvenes de 16 a 24 años que no ha bebido alcohol en el último año aumentó de 19 por ciento en 2011 a un pico 38% en 2021, de acuerdo con la encuesta Health Survey for England.
En países nórdicos, como Suecia, investigadores encontraron que el porcentaje de jóvenes entre 16 y 29 años que caían en “consumo riesgoso de alcohol” se redujo a casi la mitad en 20 años, mientras que en Australia datos del estudio HILDA reveló que las generaciones son “mucho mas propensas” a no beber alcohol.
Y en una región tan diversa como la Unión Europea, aunque persisten diferencias entre países, el porcentaje de adolescentes que reportan haberse embriagado ha descendido significativamente en dos décadas.
“Este no es un movimiento temporal”, dice Dr. Gianluca Di Censo, investigador del National Centre for Education and Training on Addiction de Australia, en declaraciones recogidas por diversos medios: “Nuestra investigación muestra que la Generación Z es casi 20 veces menos propensa a beber alcohol que los Baby Boomers”.
En México pasa lo mismo
La Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (ENCODAT) 2025 confirma en nuestro País la tendencia internacional.
El consumo entre los jóvenes de 12 a 17 años que dijeron haber bebido alcohol en el último año cayó de 28 por ciento en 2016 a 17.8% en el 2025.
En tanto que los episodios de consumo excesivo, conocidos en inglés como “binge drinking”, descendieron de 8.3 por ciento a 2.6%.
Uno de los datos más relevantes es que la proporción de de adolescentes que admitieron haber probado alcohol alguna vez en la vida bajó de 39.8 por ciento a 33.9% en este mismo periodo.
Esto es sumamente significativo porque el inicio temprano con la bebida suele vincularse con patrones de consumo problemático en la edad adulta.
¿Más sanos o simplemente menos alcohólicos?
La pregunta que surge es si los jóvenes están sustituyendo el alcohol por otras sustancias —como algunas teorías mediáticas han sugerido— o si, por el contrario, están adoptando hábitos más saludables.
Múltiples fuentes internacionales coinciden en que no hay evidencia de un desplazamiento masivo hacia drogas ilícitas como resultado de esta disminución entre adolescentes. De hecho, estudios en países como Estados Unidos han mostrado que las tasas de uso de alcohol, tabaco y marihuana entre adolescentes han caído en cifras similares, lo que sugiere una reducción generalizada.
Así, la narrativa dominante entre expertos es la de un cambio cultural más profundo que va más allá del mero consumo de alcohol: una combinación de preocupación por la salud, nuevas formas de socialización, mejor acceso a información y preferencias de estilo de vida que priorizan bienestar y equilibrio.
Pero ¿qué está detrás de esta curva descendente de consumo entre jóvenes?
El nuevo manual de la sobriedad
Los motivos detrás de esta tendencia global son multifactoriales y diversos, de acuerdo con diversos especialistas.
Conciencia en la salud: Muchos jóvenes asocian el beber alcohol con efectos negativos en su salud tanto física como mental. Para un sector de esta generación, emborracharse no es sinónimo de fiesta, sino de posibles consecuencias negativas.
Cambio en las formas de socialización: Las redes sociales y las plataformas digitales han transformado la manera en que los jóvenes interactúan. Es más habitual que se reúnan virtualmente a jugar videojuegos en línea que presencialmente a acabarse una botella de tequila.
Prioridades de vida y bienestar: Las generaciones actuales tienen una mayor conciencia en estilos de vida saludables.
Economía y costo: Para muchos jóvenes salir a bares o antros es caro, lo cual desincentiva el consumo frecuente en negocios donde el alcohol suele ser el protagonista.
Estas explicaciones, lejos de ser anecdóticas o aisladas, se repiten en entrevistas con expertos y encuestas que buscan captar el pulso generacional.
¿Tendencia creciente?
En un artículo titulado “Cómo el romance de 10 millones de años de la humanidad con el alcohol podría terminar”, The Economist aborda que la tendencia va más allá de los jóvenes… llegando incluso a los más adultos.
De acuerdo con la publicación británica, diversos factores clave están acelerando este cambio:
Enfoque en la salud y el bienestar: El aumento de la conciencia de los riesgos relacionados con el alcohol, relacionado con enfermedades como cáncer, daño hepático y problemas cardiovasculares, está influyendo para que se beba menos. Tan solo en el 2019 fue la causa de 2.9 millones de personas y cada vez hay más información disponible al respecto.
Alternativas tecnológicas: El auge de bebidas sin alcohol, como “cervezas cero”, proporcionan opciones que imitan la experiencia social sin las consecuencias.
Factores socioeconómicos: Los altos costos de la vida y menos convivencia en entornos laborales están reduciendo el consumo. Las ventas de alcohol han caído un 2 por ciento desde la pandemia.
Medicamentos para bajar de peso: Los tratamientos médicos como los agonistas de GLP-1 han demostrado que disminuyen los antojos de alcohol.
El nuevo espíritu juvenil
Lejos de pintar una generación apática, los jóvenes de hoy han redefinido el acto de beber. Para algunos, el alcohol ya no es el lubricante social por excelencia; para otros, es simplemente una opción menos atractiva dentro de una gama más amplia de experiencias.
Es importante señalar que esto no significa que los jóvenes ya no estén bebiendo, por supuesto que lo siguen haciendo, solo que en menores cantidades.
“Los chicos de la Generación Z, nacidos después de 1997, son más propensos a medir la calidad su sueño que a pasar la noche en un bar. Pero Richard Halstead, quien investiga los hábitos de bebida, dice que hay pocas señales de que hayan renunciado al alcohol por completo. Sin embargo, beben de manera diferente, buscando cada vez más calidad y novedad, como un sake de Japón o cervezas artesanales. También son menos propensos a quedarse en largas sobremesas donde el vino suele fluir”, se lee en El Economista.
Es decir, que se trata de una redefinición donde hay una juventud que no rehúye a la diversión, pero sí reflexiona sobre cómo alcanzarla sin poner en riesgo su salud, su productividad ni su bienestar general.
En una sola palabra… ¡salud!




