Valuar es clave para proteger el patrimonio

Valuar es clave para proteger el patrimonio




Gabriela García Curiel
Presidenta del Colegio e Instituto de

Valuadores de Jalisco (CIVAJAL)

Una mala valuación puede costar miles o incluso millones. En un entorno donde cada peso invertido cuenta, estimar mal el valor de una propiedad, una empresa o una marca puede significar perder patrimonio, frenar una venta o cerrar un mal negocio.

En el Colegio e Instituto de Valuadores de Jalisco, la profesionalización no es un discurso: es una herramienta directa para proteger el patrimonio y fortalecer la economía. Así lo explica Gabriela García Curiel, la primera mujer en presidir el organismo en casi seis décadas.

Con cerca de 2 mil 500 valuadores registrados ante la Sociedad Hipotecaria Federal a nivel nacional, y 104 afiliados en el colegio más antiguo del estado, la valuación vive un momento clave. Pero aún hay mucho por hacer, sobre todo en sectores empresariales y tecnológicos donde los activos intangibles valen oro.

¿Qué tan sólida es la cultura de la valuación?

Cada vez más personas entienden que un avalúo no es solo un requisito bancario, sino una base técnica para tomar decisiones patrimoniales inteligentes. Sin embargo, todavía existe un amplio margen de mejora, especialmente entre empresarios y startups, señala García.

Hoy, inversionistas y asesores inmobiliarios buscan el avalúo para dar soporte real a las transacciones. “Un precio sin sustento técnico puede provocar pérdida de dinero y de tiempo”, indica la entrevistada.

Para pequeños inversionistas, esto significa contar con datos objetivos antes de comprar o vender. Y aunque la inteligencia artificial ya ofrece plataformas automatizadas que pueden analizar cifras rápidamente, no siempre consideran variables clave como estado físico, condiciones específicas o análisis profundo de mercado. “Sin un dictamen profesional, el riesgo de sesgo es alto”, advierte García Curiel.

Más allá de los inmuebles, ¿qué más se puede valuar?

Uno de los errores más frecuentes entre empresarios es pensar que solo lo tangible tiene valor. Maquinaria, edificios y equipos son importantes, pero también lo son la marca, la cartera de clientes, el arraigo comercial o la propiedad intelectual, indica la experta.

Incluso obras de arte, proyectos productivos o marcas en proceso de expansión son susceptibles de valuación técnica. En muchos casos no es obligatorio, pero sí estratégico: por ejemplo, asegurar una obra sin conocer su valor real puede generar pérdidas significativas ante un siniestro, advierte.

¿Qué provoca un mal avalúo?

El ejemplo clásico es el de quien fija el precio de su casa basándose en la venta del vecino. Aunque estén en la misma zona, dos inmuebles rara vez son idénticos. El estado de conservación, las mejoras, la orientación o incluso la documentación pueden cambiar sustancialmente el valor, apunta la dirigente.

En negocios más complejos -como la compra de maquinaria, la adquisición de una empresa o la valuación de una marca- el impacto puede ser aún mayor.

Buscar el avalúo “más barato” suele ser la primera señal de alerta. La valuación profesional requiere formación especializada, estudios de posgrado y actualización constante. “No es una opinión, es un proceso técnico sustentado en metodología y normativa”, explica García.

Un valuador serio cuenta con su cédula profesional, -idealmente posgrado en valuación-. La mayoría está certificado por la SEP. Puede demostrar su preparación y suele pertenecer a un colegio profesional que garantiza capacitación continua y la adhesión a un código de ética, dice la especialista.

¿Qué significa ser una mujer líder del sector?

Hoy la participación femenina en el colegio de valuadores ronda el 33%, mientras que a nivel nacional el 40%. Es muestra de que la presencia de las mujeres está avanzando en nuevas áreas, indica.

“Más que una cuestión de cuotas, el avance responde a profesionalización y rigor técnico”. La meta es clara: posicionar al valuador como un actor estratégico en el desarrollo económico de Jalisco, fortalecer la ética y elevar la calidad de los dictámenes, puntualiza.

La apuesta también está en las nuevas generaciones, reforzando la vinculación con universidades y programas de posgrado. “En un mercado donde el valor mal calculado puede costar fortunas, la formación continua es la mejor inversión”, concluye García.

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